| Pedro Henríquez Ureña (Rep. Dominicana, 1884-1946) | ![]() |
Poeta, ensayista, crítico literario y lingüista dominicano nacido en Santo Domingo. Hijo de la escritora dominicana Salomé Ureña, vivió en Cuba, México, Estados Unidos, Argentina y finalmente en Francia, donde publicó Horas de estudio (1910), una recopilación de sus primeros trabajos. Entre sus obras destacan, El Nacimiento de Dionisios (1916), En la orilla: mi España (1922), La utopía de América (1925), Seis ensayos en busca de nuestra expresión (1928), La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo (1936), y la obra póstuma Corrientes Literarias en la América Hispana (1949), aunque ésta se había editado en inglés en 1945. Vivió sus últimos años en la ciudad de La Plata (Argentina). Allí ejerció la docencia, dio conferencias y trabajó en actividades literarias. © epdlpTextos: La utopía de América (fragmento | |
Esta segunda parte fue tomada de Wikipedia la Enciclopedia Libre
Nombre completo Nicolás Federico Henríquez Ureña
Nacimiento 29 de junio de 1884
Santo Domingo, Bandera de la República Dominicana República Dominicana
Defunción 11 de mayo de 1946
Buenos Aires, Bandera de Argentina Argentina (61 años)
Seudónimo "E.P. Garduño"
Ocupación Escritor, Ensayista, Filólogo, Crítico, Periodista
Período 1905 - 1945
Lengua materna Español
Género Ensayo
Movimientos Modernismo
Sus padres fueron dos prominentes intelectuales: Salomé Ureña, la gran poetisa dominicana, y Francisco Henríquez y Carvajal, médico, abogado, escritor, pedagogo dominicano; su abuelo, Nicolás Ureña de Mendoza, costumbrista y político dominicano.
Su ambiente familiar estuvo marcado por la presencia de Eugenio María de Hostos, reformador de la enseñanza y luchador independentista puertorriqueño que hizo del país dominicano el suyo. A su tío Federico lo llamó José Martí "hermano", en su célebre carta de despedida de 1895.Desde niño Pedro mostró interés por la literatura. Tal pasión fue compartida por dos de sus hermanos, Maximiliano y Camila, quienes luego desarrollarían una amplia labor en el campo de la pedagogía y la investigación literaria en Cuba.
Influencia en las Letras argentinas
Su biografía y su relación con la cultura argentina, carecen de una representación nítida en la imaginación argentina. Acerca de esta ausencia -podría afirmarse, indolencia y desaprensión, más ignorancia- Borges
- Yo tengo el mejor recuerdo de Pedro (...) él era un hombre tímido y creo que muchos países fueron injustos con él. En España, si lo consideraban, pero como indiano; un mero caribeño. Y aquí en Buenos Aires, creo que no le perdonamos el ser dominicano, el ser, quizás mulato; el ser ciertamente judío -el apellido Henríquez, como el mío, es judeo-portugués-. Y aquí él fue profesor adjunto de un señor, de cuyo nombre no quiero acordarme; que no sabía nada de la materia, y Henríquez -que sabía muchísmo- tuvo que ser su adjunto. No pasa un día sin que yo lo recuerde....
- Se me cierra la garganta al evocarlo, esa mañana en que vi entrar a ese hombre silencioso, aristócrata en cada uno de sus gestos (...) Aquel ser superior tratado con mezquindad y reticencia por sus colegas, con el típico resentimiento del mediocre, al punto que jamás llego a ser profesor titular de ninguna Facultad de Letras de Argentina.
En 1925 obtiene una cátedra en el terciario no universitario Instituto Nacional del Profesorado Joaquín V. González.
A través de su relación con Rosa Oliver, Martínez Estrada, Eduardo Mallea y José Bianco y sus trabajos en 'Sur (su colaboración de 1942 en la publicación de Victoria Ocampo dictamina y justifica, por 1ª vez, el rango único de la obra de Borges en la literatura argentina), Ureña participa activamente en la construcción y modelado del universo cultural argentino, en los años 1930 y 1940
Constructor cultural argentino
Al arribar al puerto de Buenos Aires, en 1924, Los Henríquez -su esposa, Isabel Lombardo Toledano y su pequeña hija Natacha- se alojan en una pensión de la calle Bernardo de Irigoyen, a pocas cuadras de la estación de trenes de Constitución. En los años sucesivos, Ureña concurre diariamente a Constitución para ir a la ciudad de La Plata (a 55 km) al término de sus clases en Buenos Aires. Es la misma estación, en un vagón, que Ureña súbitamente se desplomaría para morir.Borges vuelve, en un prólogo y en un relato, y en diversas entrevistas, sobre la secuencia fatal que comprendió un radio de quince cuadras que Ureña recorrió desde la Editorial Losada (supervisaba una edición de una elección de clásicos) hasta la Estación Constitución, donde, sin agonía, moriría. Max Ureña, hermano de Pedro y también riguroso intelectual hispanista, escribió sobre el deceso repentino:
- Apresuradamente se encaminó a la Estación de FF.CC. que lo conduciría a La Plata. Llegó al andén cuando el tren arrancaba y corrió para subir. Lo logró. Un compañero, el profesor Cortina, le hizo señas de un asiento vacío a su lado. Cuando iba a ocuparlo, se desplomó sobre él. Inquieto, Cortina al oír estertores, lo sacudió. No obtuvo respuesta, dando la voz de alarma. Un profesor de Medicina que iba en el tren, lo examinó y, con gesto de impotencia, diagnosticó el óbito.
Borges, prologando el volumen Obras Críticas' de Henríquez Ureña, ofrece una versión de su muerte. Fue un recuerdo personal de un diálogo -precedente cercano a su muerte súbita- con el ensayista. Sin más, Borges hace jugar el vaticinio:
- Yo había citado una página de Quincey, donde describe que el temor a la muerte súbita es una invención de la fe cristiana.
- ¿Sin la templanza viste tu perfecta
- alguna cosa? ¡Oh muerte, ven callada
- como sueles venir en la saeta!
Otra evocación de Borges
"Tengo la impresión de que Henríquez Ureña -claro que es absurdo decir eso- de que él había leído todo, Todo. Y al mismo tiempo, que él no usaba eso para abrumar en la conversación. Era un hombre muy cortés, y -como los japoneses- prefería que el interlocutor tuviera razón, lo cual es una virtudFuentes- El oro de los tigres, Jorge Luis Borges, (Art. "El sueño de Pedro Henríquez Ureña"), Emecé, 1972, p. 133
- 'Antes del Fin, Ernesto Sabato, Seix Barral, 1988
- Apologías y rechazos, Ernesto Sabato (Art. "Pedro Henríquez Ureña"), Seix Barral, 1977, pp. 53 a
Pensamiento
Su obra crítica se caracteriza por la amplitud de los temas tratados y su ferviente deseo de demostrar la unidad e independencia espiritual de América. A este respecto se pueden citar: Seis ensayos en búsqueda de nuestra expresión (1928), Apuntaciones sobre la novela en América (1927) y Sobre el problema del andalucismo dialectal de América (1937).Al respecto es válido citar Ernesto Sabato, quien fue alumno suyo en el colegio secundario dependiente de la Universidad de La Plata y quien años más tarde, en 1940, retomó sus relaciones con él:
- "Este hombre que alguien llamó "peregrino de América" (y cuando se dice América en relación a él debe entenderse América Latina, esa teórica América total que la retórica de las cancillerías ha puesto de moda, por motivos menos admirables), tuvo dos grandes sueños utópicos; como San Martín y Bolívar, el de la unidad en la Magna Patria; y la realización de la Justicia en su territorio, así con mayúscula."
- "Su vida entera se realizó, así como su obra, en función de aquella utopía latinoamericana. Aunque pocos como él estaban dotados para el puro arte y para la estricta belleza, aunque era un auténtico scholar y hubiera podido brillar en cualquier gran universidad europea, casi nada hubo en él que fuese arte por el arte o pensamiento por el pensamiento mismo. Su filosofía, su lucha contra el positivismo, sus ensayos literarios y filológicos, todo formó parte de sus silenciosa batalla por la unidad y por la elevación de nuestros pueblos"
Distinciones
Se distinguió como crítico literario, ensayista, periodista, y prosista de gran vuelo. Uno de los humanistas más importantes de América Latina en el siglo XX. Su hija Sonia Hernández Ureña dejó plasmados recuerdos de la vida de su padre Pedro Henríquez Ureña: Apuntes para una biografía (México, 1993). A su vez, Enrique Zuleta Álvarez escribió su biografía Pedro Henríquez Ureña y su tiempo. Vida de un hispanoamericano universal (1997). El cirujano René Favaloro lo evocó en su libro Don Pedro y la educación (1994).Fue honrado por una de las principales Universidades de su país natal, República Dominicana, poniéndole su nombre: Universidad Nacional PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA, (UNPHU)
Obras
- Horas de estudio (1910, París)
- Chupetín: El chupete de la mujer (1913)
- Nacimiento de Dionisios (1916)
- En la orilla: mi España (1922)
- La utopía de América (1925)
- Apuntaciones sobre la novela en América (1927)
- Seis ensayos en busca de nuestra expresión (1928)
- La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo (1936)
- Sobre el problema del andalucismo dialectal de América (1937)
- Plenitud de España (1940)
- Corrientes Literarias en la América Hispana (1941)
- El español en Santo Domingo



No hay comentarios:
Publicar un comentario