sábado, 23 de octubre de 2010

Diciendo las cosas como son

¡Qué bonito!
Por: Alejandro María
Abogado y político

¡Qué bonito! Es la expresión de la ingeniera Silvia Belliard Gómez de Ramírez, al ver a su esposo el ingeniero Sinesio Aquiles Ramírez Suazo, quien se encuentra en la Unidad Polivalente de Cuidados Intensivos del Hospital General Plaza de la Salud, en donde se recupera de las graves heridas que les causó un empleado suyo el pasado domingo 10 del corriente mes, en horas de la noche en su residencia alternativa del sector de Herrera, en Santo Domingo.

La expresión de la esposa del ingeniero Ramírez Suazo refleja su sentir al ingresar a la unidad de cuidados, como lo hace cada día a las 11:00 A M, hora que los médicos han establecido para su visita e informe de su evolución, al observarlo en un estado de franca recuperación, afeitado, con dos puntos menos en la herida del labio superior, el retiro del vendaje de la herida del parietal izquierdo, la cual había reducido significativamente su inflamación.

El, Sinecio, estaba dormido, dentro del profundo estado de sedación en que lo han mantenido sus médicos, razón por la que de seguro le dará en expresiones de amor su reacción ante el estado de alegría que embargó a su esposa luego de veinte días de dolor, sufrimiento, expectación y esperanza, que han llenado su mundo, limitado por los veinte metros que la separan del lecho del padre de sus hijos y amor de su vida, en donde ha hecho de la sala de espera su hogar, escogiendo como lecho las lozas del frío piso del hospital.

Nosotros, como amigos de ambos, en nuestra doble visita diaria, hemos podido comprobar que cuando Dios le da a un hombre una mujer así es para que pueda salir airoso de una prueba de vida o muerte como a la que ha sido sometido Sinecio.

Solo la fe en Dios y el amor de una mujer así, expresado en dedicación permanente, genera la suficiente energía para sobrevivir a la gravedad de las heridas producidas por cuatro machetazos propinados por un empleado suyo seducido por el fruto del trabajo de toda la familia que le llevó a ponerle el precio de RD200, 000.00 pesos en queso a la vida de Sinecio, hombre que los sanjuaneros que lo conocemos sabemos que real y efectivamente ama el trabajo por el trabajo mismo.

Sinecio, profesor pensionado de la Universidad Estatal, fue el primer director del CURO, diseñador y ejecutor de diversas obras de ingeniería de su especialidad, hidráulica, ha trabajado y enseñado cada día de su vida de 72 años, llevando una conducta pública de aportes a la transformación de su amado San Juan, ha procreado una familia de cuatro adolescentes y jóvenes incorporados al trabajo de su familia y alejados de los habituales vicios que han seducido a parte significativa de nuestra valiosa juventud.

El jueves 23 Sinecio estaba en franca mejoría, los médicos comunicaron a la comadre Silvia que había cesado la infección, causa de las fiebres que había sufrido en los últimos días y, reiteran su pronóstico de que está fuera de peligro.

Un hombre así, que vive para servir, que es de los seres humanos que uno puede decir, que a quien no le puede hacer un bien no le hace un mal, que uno piensa que por su sana conducta no tiene enemigos, está postrado en una sala de cuidados intensivos por obra de quien no es capaz de ganarse con el trabajo lo que más valora, el dinero.

Gracias a Dios por permitirnos que ese ¡Qué bonito!, expresado con una alegría que le devolvió la vida a la comadre Silvia, al mantener en expectativa positiva la de Sinecio.

Para nosotros, este ¡Qué bonito! nos mostró la fuerza que produce la esperanza del amor, rejuveneciendo por los que amamos. ¡El amor es el mejor rejuvenecedor!

¡Sinecio vive! ¡Qué bonito!, para Silvia y sus hijos y qué alegría para los sanjuaneros que sabemos que de nuevo lo sentiremos en su diario afán de trabajo invirtiendo la vida para su familia y para San Juan.

¡Bienvenido a la vida Sinecio! ¡Qué reconfortante es saberte vivo! Y comprobar una vez más la grandeza de Dios!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Archivo del blog