
Por: Alberto E. Borda Objio
Periodista Dominicano residente en Estados Unidos
Este tema que vamos a tocar en este articulo, por tratarse de algo muy en boga en las lides periodísticas, es algo engorroso, pero no por eso, deja de ser interesante y aleccionador per se, ya que la realidad de la situación que puntualiza, es algo que desde siempre ha preocupado a quienes se desenvuelven en el entorno de los medios de comunicación y a los periodistas y comunicadores, así como también a los que por estos canales de la información manifiestan sus opiniones.
Desde tiempos inmemoriales, quizás desde el origen mismo de la difusión de noticias y exposición de ideas a través de los medios, la censura periodística ha existido como cortapisa para la propaganda desmesurada y desbocada de los interesados en influir con su pluma a la generalidad de lectores de diarios.
También, el interés manifiesto de los editores periodísticos en usar sus medios como canal de distribución de conceptos políticos, intelectuales y sociales. Además, y por razones obvias de los costos en las operaciones y funcionamiento de los periódicos, la publicidad comercial ha sido y es parte inherente de la conformación de cualquier medio de comunicación.
Pero, a lo que nos queremos referir de estas dos taras enunciadas, es a la actitud beligerante y muchas veces agresiva por la forma en que se hace y los instrumentos usados. La agresión y chantaje a quienes exponen ideas y conceptos en los diversos canales periodísticos por las autoridades que en un momento dado sienten la presión ejercida sobre sus actividades y a la censura y auto censura que se propicia con acciones indelicadas y poco serias de parte de los que dirigen el Estado y que buscan controlar de manera indecente, las informaciones y opiniones que se expresan y difunden en los medios de comunicación.
Esto no es nada nuevo tal como dijimos antes. Pero ahora, con la agravante, de la violación a leyes establecidas para la protección de los exponentes de ideas, noticias y conceptos variados. Ya que existe suficiente legislación y bastante definida, acerca de los derechos y deberes de quienes usan los canales periodísticos para la difusión o promoción de creencias y valoraciones al respecto de las actuaciones de los demás.
La censura por ejemplo, acto deleznable ejercido de forma imponente y muchas veces amenazante hasta contra la integridad física de periodistas y dueños de medios. Se suscita esta, casi siempre en sistemas de gobiernos de corte totalitarios y violadores de los derechos heterogéneos del ser humano. Erradicando por completo las posibilidades de disensión de las ideas que propugnan los que conducen los destinos de una Nación.
Por causa de esta, hemos asistido como testigos de las más horripilantes y abyectas acciones contra periodistas, por el desempeño diáfano y difusión de criterios libertarios en relación a situaciones perversas y corruptas de partes de gobernantes y gobiernos. Hechos que han culminado con la desaparición física de grandes valores de la comunicación. Y también, agresiones a empresas periodísticas con el objetivo de frenar la información adversa a dichos regímenes nefastos.
En relación a la auto censura, es el acto miserable de quienes manejan medios o programas y columnas a través de estos, y que por temor a no chocar con intereses de los que gobiernan o de los que sustentan las publicaciones o medios electrónicos, se inhiben o prohíben a sus asociados o empleados la publicación o expresión de situaciones que afecten a quienes los benefician con prebendas del orden publicitario o propagandísta político gobiernista.
Es cierto que ese es un derecho irrebatible que tiene un dueño de medio de comunicación, de publicar, promocionar, limitar, editar y hasta eliminar de sus canales de difusión, cualquier noticia u opinión que no le convenga al desarrollo de su negocio. Pues dentro de una sociedad libre, existen los dos conceptos, “derechos y deberes” y deben ser respetados de la misma forma para que pueda funcionar adecuadamente la libre empresa y puedan existir de forma rentable las instituciones periodísticas.
Lo que si hay que dejar claro y establecido de manera diáfana, es que los medios y quienes a través de ellos se manifiestan, no son totalmente independientes. Y que por las razones antes expuestas, que pesan de forma exorbitante en la coexistencia de los canales de difusión periodística y quienes con sus aportes los sustentan, siempre gravitara la intención del poder económico y gubernamental sobre cualquier tipo de información, opiniones y propaganda informativa.
Entonces, después de aclarar estas complejas situaciones existentes, vemos por qué las más de las veces, los que dirigen periódicos y medios electrónicos de información y comunicación, son tachados y acusados de pertenecer o seguir una línea política de determinado sector y también de favorecer con editoriales e incisiva publicidad a diferentes segmentos de la sociedad. Y es que, las censuras que han existido y las autos censuras que se imponen en la libre expresión del pensamiento, son parte inherente del sistema. ¡No nos llamemos a engaño!
Periodista Dominicano residente en Estados Unidos
Este tema que vamos a tocar en este articulo, por tratarse de algo muy en boga en las lides periodísticas, es algo engorroso, pero no por eso, deja de ser interesante y aleccionador per se, ya que la realidad de la situación que puntualiza, es algo que desde siempre ha preocupado a quienes se desenvuelven en el entorno de los medios de comunicación y a los periodistas y comunicadores, así como también a los que por estos canales de la información manifiestan sus opiniones.
Desde tiempos inmemoriales, quizás desde el origen mismo de la difusión de noticias y exposición de ideas a través de los medios, la censura periodística ha existido como cortapisa para la propaganda desmesurada y desbocada de los interesados en influir con su pluma a la generalidad de lectores de diarios.
También, el interés manifiesto de los editores periodísticos en usar sus medios como canal de distribución de conceptos políticos, intelectuales y sociales. Además, y por razones obvias de los costos en las operaciones y funcionamiento de los periódicos, la publicidad comercial ha sido y es parte inherente de la conformación de cualquier medio de comunicación.
Pero, a lo que nos queremos referir de estas dos taras enunciadas, es a la actitud beligerante y muchas veces agresiva por la forma en que se hace y los instrumentos usados. La agresión y chantaje a quienes exponen ideas y conceptos en los diversos canales periodísticos por las autoridades que en un momento dado sienten la presión ejercida sobre sus actividades y a la censura y auto censura que se propicia con acciones indelicadas y poco serias de parte de los que dirigen el Estado y que buscan controlar de manera indecente, las informaciones y opiniones que se expresan y difunden en los medios de comunicación.
Esto no es nada nuevo tal como dijimos antes. Pero ahora, con la agravante, de la violación a leyes establecidas para la protección de los exponentes de ideas, noticias y conceptos variados. Ya que existe suficiente legislación y bastante definida, acerca de los derechos y deberes de quienes usan los canales periodísticos para la difusión o promoción de creencias y valoraciones al respecto de las actuaciones de los demás.
La censura por ejemplo, acto deleznable ejercido de forma imponente y muchas veces amenazante hasta contra la integridad física de periodistas y dueños de medios. Se suscita esta, casi siempre en sistemas de gobiernos de corte totalitarios y violadores de los derechos heterogéneos del ser humano. Erradicando por completo las posibilidades de disensión de las ideas que propugnan los que conducen los destinos de una Nación.
Por causa de esta, hemos asistido como testigos de las más horripilantes y abyectas acciones contra periodistas, por el desempeño diáfano y difusión de criterios libertarios en relación a situaciones perversas y corruptas de partes de gobernantes y gobiernos. Hechos que han culminado con la desaparición física de grandes valores de la comunicación. Y también, agresiones a empresas periodísticas con el objetivo de frenar la información adversa a dichos regímenes nefastos.
En relación a la auto censura, es el acto miserable de quienes manejan medios o programas y columnas a través de estos, y que por temor a no chocar con intereses de los que gobiernan o de los que sustentan las publicaciones o medios electrónicos, se inhiben o prohíben a sus asociados o empleados la publicación o expresión de situaciones que afecten a quienes los benefician con prebendas del orden publicitario o propagandísta político gobiernista.
Es cierto que ese es un derecho irrebatible que tiene un dueño de medio de comunicación, de publicar, promocionar, limitar, editar y hasta eliminar de sus canales de difusión, cualquier noticia u opinión que no le convenga al desarrollo de su negocio. Pues dentro de una sociedad libre, existen los dos conceptos, “derechos y deberes” y deben ser respetados de la misma forma para que pueda funcionar adecuadamente la libre empresa y puedan existir de forma rentable las instituciones periodísticas.
Lo que si hay que dejar claro y establecido de manera diáfana, es que los medios y quienes a través de ellos se manifiestan, no son totalmente independientes. Y que por las razones antes expuestas, que pesan de forma exorbitante en la coexistencia de los canales de difusión periodística y quienes con sus aportes los sustentan, siempre gravitara la intención del poder económico y gubernamental sobre cualquier tipo de información, opiniones y propaganda informativa.
Entonces, después de aclarar estas complejas situaciones existentes, vemos por qué las más de las veces, los que dirigen periódicos y medios electrónicos de información y comunicación, son tachados y acusados de pertenecer o seguir una línea política de determinado sector y también de favorecer con editoriales e incisiva publicidad a diferentes segmentos de la sociedad. Y es que, las censuras que han existido y las autos censuras que se imponen en la libre expresión del pensamiento, son parte inherente del sistema. ¡No nos llamemos a engaño!


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